jueves, 17 de noviembre de 2011

Capítulo 14. Primera parte.




Era una noche fría, llena de estrellas, una ligera brisa gélida mecía el cabello rojizo de la persona (o mejor dicho, el ser) que descansaba sobre el tejado.
Sus ojos vidriosos miraban hacia la luna, que esa noche era llena y su boca estaba contraída como muestra de desprecio  hacia sí misma: había sido muy egoísta y temeraria, se había rendido a sus pasiones humanas, y ,en consecuencia, había puesto a Vittorio en un serio peligro.
Su frágil mente humana sabía demasiado como para no estar metido en un buen embrollo.
¿Porqué Héctor le había nombrado a Alfonso y Monira? ¡Estúpido! ¿Qué pretendía? ¿Qué descubriera que eran vampiros?
La mirada de Chloé se perdió contemplando la luna, tan blanca, pálida y mágica como ella misma y recordó la importancia de esos dos nombres y el motivo por el cual Héctor los había nombrado;si Vittorio supiera la verdad se alejaría de ella sin dudarlo:
Los días posteriores a la conversión de Chloé se sentía fuerte, poderosa y ávida de venganza.
Le avergonzaba recordar que en esos días, semanas o puede que meses no pensó ni un solo momento en esas mujeres a las que apoyaba en su lucha contra la desigualdad. Solo podía pensar en sangre. En venganza. Cuando pensaba en en sangre y venganza una sonrisa casi lujuriosa se dibujaba en su rostro.
No le importaban esas causas por las que hubiera muerto mil veces, quizás fuera porque su conversión en vampiro sólo le dejaba pensar en esa sed de sangre que le acompañaba día y noche y cuya ingesta le producía un placer y bienestar que no había conocido jamás.
Aunque quizás puede que, también fuera, que se sintiera desencantada con el mundo y enfadada con las fuerzas que regían el azar, por haber dejado morir de aquella manera a una persona que había luchado tanto por el bien de las otras.
Y claro, también estaba su despecho: Alfonso la había traicionado y ella se enteró de la peor forma posible.
Todos esos "quizás" formaron un cóctel explosivo que cuyo detonante fueron las palabras de Héctor y cuyo lugar de explosión fue la ciudad donde nació, vivió, sufrió y murió.
Ella fue, quien, con sus propias manos mató a aquellos hombres que la violaron; a uno de ellos lo asfixió entre sus perfectas, gélidas y fuertes manos, a otro de ellos lo hizo correr hasta que le fallaron las fuerzas y en ese momento lo cogió del cuello, le hizo volar junto a ella para después estampar su cabeza contra el suelo provocándole una muerte inmediata. Se acercó lentamente hacia el tercero, sonriendo, hasta que tuvo su cara a escasos milímetros de la de aquel bastardo, entonces le enseñó sus colmillos, y aquel hombre, que había oído hablar acerca de los vampiros se agarró el cuello, gesto al que Chloé contestó:
-¿Aparte de un ser despreciable también eres estúpido? ¿Cómo voy a querer beberme tu sangre? Sería mucho más placentero beber la de una rata. Tú estas podrido y ....-esto último lo dijo en un susurro- muerto.
Con una rapidez increíble Chloé atravesó el cuerpo de aquel hombre con su mano, le sacó el corazón y lo tiró en una esquina al tiempo que decía, en voz tan bajita que parecía que solo lo dijera para sí misma:
-El tuyo tampoco merece latir.
Después se dirigió hacia la humilde casa de Alfonso, quien con mucha suerte consiguió, que, al final no lo acusaran de haber abusado de Monira, pues los padres de ésta conocían de la ligereza de la muchacha.
Cuando lo vió dormir tan plácidamente, le dieron ganas de matarlo en ese mismo instante, pero esa crueldad innata que habitaba en ella desde hacía unos días le hizo pararse como nos hace la conciencia ante nuestros actos impulsivos producidos por la ira.
Pensó que era mejor que la viera "viva", cuando  realmente la creía muerta, quería ver el mismo pánico en sus ojos que el que ella sintió cuando vió cerca a la muerte, quería hacerle sentir tan indefenso como ella se sintió mientras aquellos hombres la violaban, quería hacerle sentir tan insultado como él la hizo sentir.
Por todas aquellas razones, simplemente lo despertó acariciándole el rostro con las uñas.
Alfonso se despertó y la miró sin saber muy bien que era lo que estaba viendo.
-Me extraña que puedas dormir tan plácidamente, yo en tu lugar no podría.
Alfonso se sobresaltó y se incorporó en la cama. Chloé frenó su posible huida poniéndole una mano en el pecho, susurró un "ssschht". Sonrió y se fue.
Hizo esto durante muchas noches, repitiéndole frases que él le decía, relatándole con detalle el momento en el que ella murió ante sus ojos.
Alfonso estaba desquiciado y acabó contándole estas apariciones a la gente del pueblo; en un principio el pueblo llano que tan supersticioso era, se cuestionaba la posible veracidad del asunto, pero, poco a poco, Alfonso parecía estar perdiendo la cordura: siempre estaba alterado, no estaba atento a lo que sus clientes le pedían, se sobresaltaba al menor ruido...
Conforme iban pasando los días su aspecto iba empeorando, ya no rendía igual en la herrería de su padre, por lo que perdió clientes y el trato con su padre iba cada vez a peor.
En el pueblo lo llamaban "El Herrero Loco". 
Acabó cayendo enfermo e, inmerso en una de esas fiebres, apareció Chloé, tan sonriente como siempre ante su presencia. Alfonso le gritó:
-¡¿Qué es lo que quieres?!
Chloé le respondió sin inmutarse:
-Tu vida, tu sangre. Tú rompiste mi fe en mil pedazos y dejaste que otros la pisotearan , tú dejaste que ultrajaran mi cuerpo y no mereces vivir.

Chloé se acercó a él, le cogió de la muñeca y clavó sus afilados colmillos en ella. La sangre empezó a salir a borbotones llenando la boca de Chloé quien ya no veía a Alfonso convulsionándose por el dolor, pues todo lo que le rodeaba era rojo, como la sangre, como la pasión que un día sintió por él, como la ira que la cegaba, como la venganza que al fin estaba cumpliendo.
Cuando sintió que el caudal de sangre era menor en su muñeca se acercó al oído y le dijo:
-Me llenaste de mentiras y como castigo mereces que nadie te crea. Tú me llevaste a las puertas de la muerte,  sacudiste su aldaba y esperaste a que ella me llevara, así que ahora yo te la presentaré.
Dicho esto Chloé hundió sus colmillos en el cuello de Alfonso, donde absorbió su sangre hasta robarle el útlimo soplo de vida.
Salió de la estancia con una sonrisa en la cara, pero conforme iba caminando esa cara se llenaba de lágrimas que salían tan rápidas y veloces como la sangre del cuerpo de Alfonso...

5 comentarios:

  1. Woowww!!! pero madre mia!! que capitulo!! que intenso!! definitivamente lo amé desde el comienzo hasta el final, pfff fue excelente su venganza, perfectamente relatado te juro que me sentí ahí matandolos a todos jaja me vas a volver loca xD pero enserio fue fascinante, cada cosa que ella decia wow se me ponía chinita la piel... y como siempre esos remates al finalizar los cap que siempre haces los amo... y este en especial me encanto... Sin palabras, capitulazo senti su ira, su sed de venganza, su tristeza todo... de diez! y ya ahora me quedo impaciente a la espera del próximo!!
    Besotesss enormesss!!!
    Taly.
    (ah sisi ahora vengo con mi cuenta individual jaja gracias a vos supe como hacer mas facil!! jeje)

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  2. Muchas gracias Taly!! La verdad es que tenía algo de miedo de hacer el capítulo demasiado sangriento o de quedarme corta, pero me alegra saber que he encontrado un buen punto ;)
    Ya estoy pensando en el próximo capítulo.
    Nos leemos!!
    Besos :)

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  3. Puntuacion: EXCELENTE!!
    me gusto mucho y si encontraste un punto justo, no es ni poco ni muy sangriento..

    a esperar el proximo nomas ahora :P

    besos..

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  4. Se me están poniendo los dientes largos (-nunca mejor dicho-), porque aún no me he puesto 'al día' en las publicaciones de tu obra, y no he podido evitar leerme esta última aportación, que me ha parecido de una asombrosa pasión.

    Tendré que ponerle remedio cuanto antes, porque necesito contextualizar personajes y situaciones.

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  5. Me alegro de haberlo hecho bien, ya me diréis que os parece el siguiente capítulo ;)

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