jueves, 3 de noviembre de 2011

Sección personajes: Chloé (Mi muerte y posterior transformación en vampiro)

Mi muerte fue una de esas tan duras y desagradables de oír y contar.
Mi final, triste y solitario.
El descubrimiento de las mentiras de Alfonso y la traición de mi hermana hicieron que ese trago fuera menos amargo, pues me sumieron en un estado de shock en el que no me sentía totalmente consciente de lo que estaban haciendo conmigo aquellos hombres (si es que se les puede llamar así).
Un segundo antes de morir fue cuando pude comprender que, en el mismo día, me habían roto el corazón, la fe, la confianza y me sentí con el cuerpo, la mente y los sentimientos violados.
Mis palabras no son capaces de dibujar ni la mitad de la magia que envolvía el momento en el que Héctor apareció.
Sus manos tomaron dulcemente mi pulso y notó que era demasiado débil, así que sin pensarlo, me tomó entre sus brazos y rozó mi cuello con sus labios, de repente sentí algo afilado rasgando mi piel y al mirar de reojo, vi, de forma borrosa, un semblante amenzante, unos ojos rojos y unos colmillos demasiado puntiagudos para ser humanos. No me  importó.Aunque mi corazón latiera yo ya estaba muerta, lo que ese ser quisiera hacer conmigo no me asustaba lo más mínimo.

Sentí sus colmillos penetrar mi piel, y un riachuelo de sangre se precipitó desde mi cuello, siguió por mis clavículas y murió entre mis pechos, mezclándose con la sangre que ya manchaba mi cuerpo por culpa de esos malnacidos. Succionó mi sangre con avidez, aunque, curiosamente, en esa avidez fui capaz de vislumbrar un atisbo de dulzura, como si ese ser ya me conociera y no estuviera acabando con mi vida, sino ofreciéndome otra.
No recuerdo cuando me quedé inconsciente del todo, sólo recuerdo que desperté en un lugar que olía a jazmín, entre unas sábanas suaves y que, de repente, yo estaba bebiendo la sangre que emanaba una profunda herida que Héctor se había provocado en su pálido antebrazo.
Nunca había probado la sangre, pero oí decir una vez que su sabor era metálico, sin embargo la sangre de Héctor me sabía dulce, muy dulce.
El líquido vital humedeció mi garganta y mientras la sentía fluir por todas mis venas empecé a convulsionar; un dolor atroz me quemaba por dentro. Sentí como si la hoja afilada de un cuchillo que había sido puesto a la lumbre, me rasgara las venas y todos mis órganos internos, como si mis propios fluidos fueran corrosivos y me estuvieran dejando vacía por dentro. Sentía como si mi cuerpo se estuviera quemando muy poco a poco.
En el proceso, que no sé si duró minutos, horas o días pude ver a Héctor a mi lado, a veces me cogía de la mano, otras me pasaba un paño frío y húmedo por la frente y otras me susurraba al oído:" tranquila, bella dama, ya queda poco".
Sé que cuando acabó la transformación me quedé dormida, aunque la verdad es que no lo recuerdo.
Recuerdo que desperté y vi a Héctor a mi lado, sentado en un sillón, sonriendo, tranquilo pero expectante.
De repente me di cuenta de que podía verlo con más nitidez, y no me refiero solo al hecho de que ya no estaba moribunda, me refiero al hecho de que era como si mis ojos pudieran captar más colores y matices de los que nunca había podido ver. Era capaz de, pese a la distancia que nos separaba, poder oler ese aroma tan extraño que lo envolvía, ese aroma que despertaba en mi un ansia incontrolable por huir y, a la misma vez una atracción irrefrenable.
En ese momento, un pájaro se coló por uno de los ventanales de la habitación y pude oír el latir de su pequeño corazón y como la sangre fluía por su cuerpo. Además,  podía ver sus movimientos a cámara lenta; si hubiera querido podría haberlo cazado sin el menor esfuerzo.
Supongo que mi cara debería reflejar la sorpresa de todo aquello, pues de repente Héctor empezó a reírse a carcajadas, dejando a la vista unos dientes perfectos y una sonrisa que me hechizó. No hacía falta que me enseñara sus colmillos para saber que no era humano, su belleza era sobrenatural.
-¿Cómo se siente bella dama?
-Eh... -titubeé- supongo que bien- no sé.. ¿qué ha pasado? ¿Quién eres tú?
-Oh, mi bella Isabel, siempre capaz de encontrar las palabras adecuadas, siempre sabes hacer las preguntas más importantes...-
-Perdone, pero no he entendido ni una palabra.
-Eso decían muchas de las personas que te escuchaban cuando querías revolucionar el mundo,¿verdad?-
Empalidecí al pensar que ese desconocido podía haber estado espiándome y segundos después enrojecí de ira ante la idea de que podía estar mofándose de mí.
-¿Qué?
-Isabel, querida, en el mundo en el que estabas nadie podría haber aprovechado tu talento, todos eran unos bufones, unas cabezas huecas, tú eras la rosa entre las malas hierbas, y yo, te arranqué de ese feo jardín para colocarte en un precioso jarrón. Aunque nadie lo haya sabido ver como yo lo veo, tú tienes algo diferente, has nacido para destacar y ser escuchada- esto me hizo sonreír-  has nacido para cambiar el mundo.
Me cogió de las manos y las noté suaves y heladas.
-¿Qué...?¿Qué eres?¿Qué somos?
-Somos unos seres inmortales, perfectos, atrayentes, seductores. No tenemos alma, nuestro único posible asesino es el sol, lo único que necesitamos para sobrevivir es sangre. Somos vampiros, Isabel, pero además de eso, somos los vampiros que moverán a las masas desde las sombras.





(Para saber más sobre la muerte de Chloé, vuelve al Capítulo 10)

2 comentarios:

  1. madre mía! suelo leer bastantes capítulos de un montón de personas en sus blog.. pero la pausa, la evolución natural, el ritmo que tú le das a la historia no la he visto en ningún otro sitio. la manera de contar que tienes.. atrapa... y eso que no soy aficionado al vampirismo, aunque si a la ciencia ficción. La verdad es que hay tanto talento desperdigado por el mundo... y tanto panolis triunfando sin tener arte en su sangre que cuando veo gente como tú... me enciendo porque la mayoría de las veces el verdadero arte es anónimo.

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  2. Muchas gracias Leolux!! Resulta gratificante escribir cuando se reciben comentarios como este.
    Estoy recibiendo muchos elogios sobre mi forma de escribir,muchos más de los que esperaba ; tendré que plantearme seriamente lo de llevar lo que escribo a una editorial.

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